¿Por que el vino marida con queso?

Curiosidades 12 de abril de 2021 Por Operador1
Un dicho que se volvió popular, en realidad, es un engaño al paladar, ya que el queso anula varios sabores que se deberían disfrutar de un buen vino.
vino-queso

El maridaje de vino tinto con queso no es una buena combinación ya que son dos productos que se bloquean entre ellos.

La explicación es sencilla. Las proteínas grasas del queso anulan los aromas del vino tinto y, por su parte, estos taninos hacen lo mismo con el sabor del queso, por lo que unirlos en el paladar supone perder los mejores matices de cada uno de ellos. Por ello, la expresión “Que no te la den con queso” es un reflejo de lo que eran estos pequeños engaños que utilizaban en las bodegas para despachar sus peores vinos. 

En el equilibrio está la clave
A la hora de maridar vino y queso, debemos valorar el equilibrio de la combinación en su conjunto, de manera que ambos productos se complementen y se potencien el uno al otro.

Como en cualquier maridaje, hay que intentar evitar que una de las partes eclipse a la otra. Vino y queso deben tener la suficiente personalidad por sí solos para que la unión sea satisfactoria, pero hay que medir, principalmente la intensidad de sus sabores. Más aún si tenemos en cuenta la fuerza que pueden llegar a mostrar algunos quesos muy curados u olorosos, capaces de saturar por sí solos la sensibilidad de nuestras papilas gustativas.

A la hora de buscar este equilibrio entre sabores, como vimos en 5 consejos para maridar con vino, podemos guiarnos por dos criterios opuestos: asociación o contraste. Por lo general, el criterio de asociación será más fácil de aplicar con éxito en el maridaje de vinos y quesos.

Por ejemplo, podemos combinar vinos blancos, rosados y tintos jóvenes y afrutados con quesos frescos, quesos cremosos y ligeros como el Cámembert, con quesos Brie, etc. Y a medida que vayamos pasando a quesos más curados y con sabores más potentes, el vino deberá presentar un mayor tiempo de crianza, más cuerpo y estructura.

Por ejemplo, una buena combinación podría ser la de vinos blancos secos o blancos con cierta crianza en barrica con quesos semicurados con cierta intensidad, como un Idiazábal o un buen queso manchego.

Si incrementamos un paso más la intensidad de ambos productos, podemos pasar a quesos muy curados y viejos, e incluso a los potentes quesos azules, como el Roquefort, el Gorgonzola o el Cabrales. Este tipo de quesos nos pedirán vinos con un nivel de complejidad mucho mayor, como por ejemplo un tinto reserva con mucho cuerpo. O si aplicamos el criterio de buscar el contraste entre productos, podemos combinar estos quesos muy grasos y con alto contenido en sal, con vinos olorosos, amontillados, etc. que nos darán un contrapunto dulce y aportarán una cantidad de alcohol adecuada para neutralizar las grasas del queso.

Te puede interesar