Se encontró en una casa de San Telmo, partes de la ciudad virreinal

Ciudades 18 de marzo de 2021 Por Operador1
El arqueólogo Daniel Schavelzon investigaba la propiedad de un inversionista Italiano y encontró restos de una aldea Virreinal del 1810.
Captura

La excavación fue en Bolívar 884 y 886, donde encontraron el piso de una casa -un rancho- que estaba allí en 1810, cuando a unas ocho cuadras se echó al Virrey Cisneros y se instauró la Primera Junta de Gobierno patrio. Inédito. Y único.

“Hay un tema de patrimonio en Buenos Aires -se enoja Schavelzon-. Si querés ver restos materiales de nuestra historia anterior a 1810 no los hay. El Cabildo es una truchada que hizo (el arquitecto Juan Antonio) Buschiazzo en 1939. La Pirámide de Mayo está reconstruida. De las casas de las personalidades de nuestra Libertad e Independencia no hay una sola en pie. Por poner un ejemplo, a Jabonería de Vieytes no existe... Pero no es sólo acá en la Capital. Ni hablar de la casa de Tucumán, que la demolieron y reconstruyeron. ¿Te das cuenta? Demolimos y destruimos todo lo material que había de cuando declaramos nuestra libertad e independencia. Habla bastante mal de nosotros y permite jugar con la memoria: cualquiera te puede vender cualquier verdura”.


: “El propietario más antiguo del terreno que pudimos encontrar es Cosme Duarte, quien según un protocolo firmado ante el escribano Don Pedro Núñez vendió el terreno al matrimonio de Francisco Goitia y Micaela Duarte en 1787”, luego la propiedad pasó a ser de Pedro José Domínguez, -un teniente coronel del Ejército de los Andes- y su esposa Candelaria Aloy. Durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871, Domínguez y uno de sus hijos murió, y Candelaria se convirtió en la única propietaria.


Schavelzon y Girelli señalan, a continuación, que “esta falleció en 1884 y legó la propiedad a su único hijo con vida, Ceferino Domínguez y a su nieta Valentina Domínguez de Barbosa, quienes en la misma sucesión la vendieron a Lorenzo Cabrera”. Más adelante funcionó por un corto tiempo la Escuela Elemental N° 9, cuya directora era la Sra. Margarita Ochagavia de Sapereira. Luego habitó el lugar Juana Blaye, que construyó la edificación de dos plantas que se observa actualmente. Ella -viuda de Miguel Ballestero- vivía en la planta baja junto a tres hijos -Miguel, Julia y Ángela- y cuatro personas de servicio, entre las que había una mujer italiana y una cocinera francesa. El primer piso se lo alquilaba el médico y militar Eleodoro Damianovich, su esposa Josefa Cubas, sus ocho hijos, tres sirvientes y -refiere el informe citado- “otras cuatro personas cuya relación no pudo ser establecida”.

Por eso, Schavelzon ahora sostiene que “el piso hallado es de una casa de 1810 o un poco antes. Decir 1810 suena fuerte, sino es así. No podemos dar con exactitud la fecha, las casas tardaban un año en construirse. Lo que sí sabemos en que en esa fecha había gente ahí”. Aún falta para brindar un informe definitivo, aclara el arqueólogo, pero se puede pensar en una casa “con una viga (el ‘tirante’ referido en el documento esgrimido por Reitano) entre dos paredes. Una casa chica. Pero hay que tener en cuenta los parámetros de la época. Tener una sala y una habitación ya daba una cierta categoría. Aunque hoy eso sería un rancho. Eran casas casi todas con techos de teja y pisos de ladrillo. Por la forma y el tamaño de lo hallado, creo que el piso pertenece a la galería al exterior de la casa, que sostenían el alero del frente, sobre lo que hoy es Bolívar. El pilarcito encontrado daría constancia de ello. Las casas con galería hacia la calle no eran raras. Antes de 1810 eran comunes. Era la vida más abierta de una Buenos Aires semi rural. Un pueblo de 15 cuadras de largo por 5 de ancho, donde todos se conocían y la gente salía a tomar mate y hablar con el vecino, mirar al que pasaba a caballo”.

En la actualidad, la casa es propiedad de un inversor italiano llamado Alberto Carrai. “Vino para hacer un hostel -explica Schavelzon-. Y como buen italiano, dijo que necesitaba conocer la historia de este edificio, no iba a venir y modificar sin saber. Es un tipo culto, que construye en todo el mundo. Y además, ellos respetan más la historia material. Nos pidió investigar. Ahora quedó todo el trabajo por la mitad por la pandemia. Su idea es dejar lo que hallamos bajo un vidrio, para poder usar el edificio, circular y poner en vitrinas lo que encontremos.

-¿Qué hallaron hasta el momento?

-Lo primero que vimos cuando llegamos es lo que te decía antes: el plano es oblicuo. Algo raro ahí. Nadie hace una pared torcida. Entonces, sabíamos que pasaba un arroyo. Ahora hay un patio, hicimos una búsqueda ahí y vimos que estaba hueco. Ese patio lo hicieron porque no pudieron construir encima. Había que ver qué había debajo. Rompimos una especie de piso de vigas de hierro con cemento, como un techo, y apareció el agujero. En algún momento fue usado como depósito, porque había maderas, tablones, basura… Para la arqueología, lo más interesante de esta casa es lo que hizo el arquitecto Carlos Pellegrini en la década de 1860, el piso del zanjón. Para que el agua no se profundizara. Era de piedra irregular. Al hacerlo selló lo previo. Entonces, al levantar ese piso ya tenemos claro que es anterior a 1860, los estratos del suelo. Nunca nadie tocó lo que estaba abajo. Es toda una fuente de información sobre la historia del arroyito que definió el trazado de las calles de la zona sur.

Por la pandemia, los trabajos se paralizaron. Schavelzon pensaba retomarlos a finales de marzo de este año, pero la situación epidemiológica hará imposible ese deseo. “El lugar, ahora, está inundado y con el pasto crecido. Hasta que no venga el dueño desde Italia no podremos avanzar. Y ayer mismo me informó que cerraron las fronteras en ese país. Deberemos esperar”, concluye resignado.

Después de todo, lo que durmió unos 250 años bajo la tierra bien puede esperar unos meses más para despertar del todo.

 

Fuente: Infobae.

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