Elegir Regalos con sensatez

Curiosidades 19 de diciembre de 2020 Por Operador1
Dudamos y nuestros impulsos nos hacen equivocar en más ocasiones de lo que deberíamos si, usáramos un criterio lógico de ponerse en lugar del otro.
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Primero, ignora el precio. A pesar del dicho común “la intención es lo que cuenta”, quienes dan regalos creen que gastar mucho, demuestra interés. Cuando unos investigadores les pidieron a unas personas que recordaran un regalo que hubieran dado y luego calificaran el agrado con el que pensaban que lo habían recibido los destinatarios, a mayor precio mejores calificaciones. Sin embargo, cuando las personas pasaron por el mismo proceso de calificación para algún regalo que hubieran recibido, el precio no tuvo ninguna relación con el disfrute. 

Segundo, regala algo que se pueda usar de verdad. Quienes dan regalos suelen enfocarse en el placer que provocará el uso del regalo, pero pasan por alto la facilidad o la frecuencia con la que se usa; un marido podría imaginar que su esposa se sentirá como un millón de dólares con sus diamantes puestos, pero ignora el hecho de que ella casi nunca usa joyería formal.

Quienes regalan tal vez prefieran lo hermoso y dramático porque piensan los regalos de manera abstracta: “¿Qué sería un buen regalo?”. En contraste, los destinatarios se imaginan haciendo uso del presente y se centran más en la utilidad.

 

La ciencia detrás del regalo perfecto

Tercero (y este tiene una relevancia especial durante la pandemia), no te preocupes por que tu regalo se use de inmediato. Aunque te parezca extraño, a los destinatarios no les importa esperar. En un experimento, los investigadores les pidieron a las personas que compararan distintos tipos de regalos: uno que atrajera la atención de inmediato, como una docena de flores en plena floración o, por un precio similar, un regalo que pudiera ser más satisfactorio a largo plazo, como dos docenas de botones que pudieran florecer en unos pocos días.

Cuando la gente pensó que iba a dar el regalo, prefirió el primero, pero a quienes les preguntaron cuál les gustaría recibir eligieron el último. Otro estudio demostró una asimetría similar cuando se trata de dar parte de un regalo. A quienes regalaron no les gustó la idea de darle a alguien la mitad del dinero para comprar una licuadora de alta gama, y prefirieron tajantemente regalar un modelo de precio medio. Los destinatarios demostraron la preferencia opuesta.

Cuarto, regala lo que te hayan pedido. Quienes regalan creen que lo inesperado añade valor porque demuestra consideración; la esposa no estaba esperando diamantes, pero el marido sabía que le iban a encantar. Sin embargo, los destinatarios en realidad creen que es más considerado recibir un regalo que hayan pedido. Piensan que quien da el obsequio estuvo atento a sus deseos y los cumplió. Si alguien quiere una sorpresa, siempre te lo podrá decir. 

Quinto, regala experiencias, no cosas. Esto es verdad incluso durante la pandemia: recuerda, a la gente no le importa esperar. Las investigaciones de la última década demuestran que las experiencias producen una satisfacción más duradera que las nuevas posesiones: unas vacaciones familiares son una mejor apuesta que ese collar de diamantes. No obstante, los regaladores desconfían de las experiencias porque les preocupa que haya una mayor probabilidad de elegir algo que no quiera el destinatario. Es una inquietud válida, pero se arregla con facilidad: asegúrate de que haya opciones. En vez de regalar un masaje, regala un certificado de regalo para un spa que ofrezca una variedad de servicios.

Dejemos algo claro, toda esta investigación no demuestra que los destinatarios odien la mayoría de los regalos que reciben. Sin embargo, sí demuestra que, en promedio, la gente podría dar mejores regalos. ¿Por qué no lo hace?

Tal vez sea que no sepamos qué incluye un buen regalo porque casi nunca recibimos una retroalimentación válida; la convención social dicta que debes profesar que te gusta cualquier regalo que te hagan.

Después de un año difícil, tal vez nos sintamos especialmente ansiosos por disfrutar una mirada de estupefacción alegre en el rostro de un destinatario. Sin embargo, después de todo, es la temporada para dejar de lado nuestros propios deseos e intentar hacer lo mejor por anticipar los de otras personas. Esto podría generar una alegría más duradera.

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