Macrismo explícito: Macri va a indagatoria, Larreta reprime, Vidal amenaza

Actualidad 04 de octubre de 2021 Por María Ruso
Espionaje a familiares del ARA San Juan, comprobado. Escándalo, silencios resonantes, citación judicial lógica a Macri. El Jefe de Gobierno agrede a familias indefensas: una decisión de campaña. Vidal amenaza romper una tradición parlamentaria. Juntos por el Cambio se derechiza para conservar votos. Y va por más de lo mismo.
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El expresidente Mauricio Macri fue citado a declaración indagatoria en la causa que investiga la comisión de tareas de inteligencia ilegal sistemática contra familiares de las víctimas del hundimiento del ARA San Juan.


El jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta ordenó desalojo y represión contra un grupo de familias desamparadas en la Villa 31.

La exgobernadora María Eugenia Vidal anunció que Juntos por el Cambio (JpC) irá por la presidencia de Diputados si consigue ser la primera minoría en dicha Cámara, tras las elecciones de noviembre.

Los tres acontecimientos guardan coherencia; se sucedieron en menos de una semana. Los dos últimos son deliberados, tácticas de campaña. El conjunto describe bien el desapego cambiemita respecto de las leyes, los derechos humanos y sanas rutinas institucionales. Trataremos de hilvanarlos en párrafos siguientes.

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Revictimizar, espiando: El Gobierno de Macri, a través de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) persiguió a los familiares de los marinos fallecidos en el estrago del ARA San Juan. Los cargos, según consta en el expediente penal, son: “obtención de información, producción de inteligencia y almacenamiento de datos sobre personas, por su opinión política o su pertenencia a organizaciones partidarias, sociales, sindicales, comunitarias y de derechos humanos". Puesto en idioma sencillo: espiaron a los familiares, los fotografiaron de modo clandestino, copiaron mensajes de sus redes sociales, redactaron informes y los elevaron a la superioridad.

Infiltraron agentes entre ellos, un summum de ruindad, con evocaciones macabras. Los familiares están convencidos de que les pincharon celulares, extremo que deberá probarse. Es hiper verosímil: con los services en funciones una pinchadura no se le niega a nadie.

La ex número dos de la AFI, Silvia Majdalani, reconoció la comisión de todas esas conductas alegando que se hacía para proteger la seguridad presidencial.

El espionaje ilegal aúna la paranoia de funcionarios políticos con la perversión de los “servicios”. La persecución recayó sobre víctimas de una tragedia, que buscan justicia. Se dispusieron recursos estatales para asediar a gente común que quería develar qué les pasó a sus seres queridos. Se los vigilaba; querían anticipar sus acciones públicas.

La locura palaciega incuba un delirio; las víctimas no conspiran, no se manejan en la oscuridad. Prolongan, a sabiendas o no, la tradición de las Madres y las Abuelas. La visibilidad es uno de sus afanes y recursos: mostrarse, hacer oír, conseguir repercusión mediática, llegar a los tribunales. También amucharse para tener más fuerza.

De nuevo: el espionaje está acreditado. Hay evidencia como le place decir a los larretistas. Majdalani reconoce la conducta aunque miente sobre las motivaciones. El material gráfico es abrumador. Fotografías, informes, copias tomadas de Facebook, cien etcéteras. Requete recontra chequeado, foto engrosa relato.

Macri, que reposa en Miami, denuncia persecuciones. Es una jugada electoral, aduce. Se ne frega de los querellantes, particulares, que mueven el expediente y celebran la citación. Jamás quisieron participar en un trámite así: querían develar las causas y eventuales responsables del naufragio.

Los medios hegemónicos arropan a Macri, deslizan infundios sobre el juez. El ex ministro de Justicia Germán Garavano descalifica la resolución, “parece escrita por un chico de jardín de infantes”. Macanea, defiende a su jefe. O tal vez la educación preescolar está mucho más avanzada de lo que se cree. El juez Martín Bava describe: “Se pretendió justificar adjudicando razones de seguridad presidencial, que los agentes de la AFI hayan realizado un informe colocando a dos mujeres -esposa y hermana de dos de los tripulantes desaparecidos-, que las hayan fotografiado e identificado y hasta hayan adjuntado sus perfiles de redes sociales en las que se indicaban cuáles eran sus opiniones sobre algunos funcionarios del entonces Gobierno Nacional y sobre el manejo que estos tenían respecto la desaparición del submarino”. Se pregunta más adelante, con perspicacia para nada infantil: “¿Qué amenaza a la seguridad interior o a la seguridad presidencial puede presuponer dos mujeres en un predio custodiado por diversas fuerzas policiales y/o militares que lo único que querían era tener unos minutos de la atención de la máxima autoridad de la República?”

Una indagatoria no equivale a un procesamiento ni éste a una condena. Las garantías del debido proceso tutelan a todos: desde el represor más cruel, hasta un ladrón de gallinas, hasta un inocente sospechado injustamente, hasta Macri.

La condena penal presupone trámites, pruebas, apelaciones, varias instancias. El actual oficialismo no promueve la doctrina Irurzun: el engendro macrista cayó en desuso; no deben revolearse pedidos de prisión preventiva sin condena.

En el estadio actual del expediente, el llamado a indagatoria es razonable también para que Macri se defienda.

La responsabilidad política se mide con otros parámetros. Macri es responsable de los vejámenes que instrumentaron sus subordinados. Arribas, el empresario incapaz y taimado que puso al comando de la AFI. Majdalani, enchastrada por escándalos desde hace añares.

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Tres palabras, dos falsedades: La expresión “servicios de inteligencia” opinamos, contiene dos falsedades. Ni sirven para nada valioso, ni de ordinario, son inteligentes. Son brutos con poder, algo muy peligroso. Se valen de los chiches técnicos para laburos colaterales, chantajes, vigilancias particulares.

En la etapa macrista se hizo costumbre el abuso y la divulgación contra legem de las pinchaduras, de cualquier fuente. Escuchas a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, diestramente malversadas, “esclarecieron” a la ciudadanía: ¡Cristina le dijo “pelotudo” al senador Oscar Parrilli! El pueblo quiere saber, sus deseos fueron órdenes. El audio cayó, como por arte de magia, en manos de un periodista M.

Varios milagros semejantes se sucedían durante el mandato de Macri: los “cuadernos” también se materializaron en manos eficaces, predispuestas. Fueron quemados, resucitaron de las cenizas, según la narrativa hegemónica.

La persecución a CFK no bastó para que los agentes de Kaos supieran que iba a publicar un libro. Sinceramente, se les escapó la tortuga o acaso un elefante ensillado. Tal labor vincula, como poco, a decenas de personas variadas. Las huestes de Arribas no dieron la talla.

A los familiares de las víctimas los mancillaron, la responsabilidad política escala hasta el vértice superior aunque Macri finja amnesia.

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Violencia en la CABA: La Policía de la Ciudad desalojó a mujeres y niños que acampaban en un insalubre sector de la Villa 31. La crónica de Laura Vales, publicada el viernes en este diario, nutre la información de este párrafo; se recomienda su lectura completa. Los uniformados atacaron de madrugada, sin luz solar, a 80 mujeres y 124 criaturas que ocupaban el lugar desde julio. Reclaman soluciones ocupacionales, son pobres de toda pobreza. Muchas de las damnificadas son jefas de hogar que además escapan de situaciones de violencia familiar.

Rodríguez Larreta desechó hacer tratativas o mesas de diálogo con personas tan desoladas, desoyendo propuestas de Organismos de Derechos Humanos.

Las atacaron, arrasaron con topadoras sus mínimos hábitats, rompieron modestas pertenencias. La sobrecarga de sadismo es habitual en ciertos desalojos sociales. Ocurrió en la trágica cacería que fue contexto del asesinato de Santiago Maldonado. Los gendarmes conducidos por la entonces ministra de Seguridad Patricia Bullrich destruyeron viviendas y propiedades de mapuches. Otro tanto pasó cuando se desalojó parte del predio de Guernica, por orden judicial y con intervención de la policía bonaerense comandada por el ministro de Seguridad Sergio Berni. En cualquier caso, esta columna resalta el sadismo que atropella a personas humildes. Se viola, ya que estamos, su derecho de propiedad garantizado por la Constitución y que no atañe solo al patrimonio de los ricos.

Rodríguez Larreta se apuró a reprimir. Funcionó, aceitada como siempre, la protección mediática que blinda al Jefe de Gobierno.

El ataque a mamás y chicos se despliega en plena campaña. Los cambiemitas son especialistas en la materia. Claro que pueden equivocarse en las tácticas que adoptan pero jamás improvisan. Elegir ese talante brutal, supone Larreta, no es piantavotos ni lesiona su imagen. Una referencia interesante a cómo “lee” a la sociedad porteña y cuál es el perfil que elige hasta el 14 de noviembre. La referencia nos lleva de la manito a la tercera pata de nuestro trípode, el anuncio de asalto a la presidencia de la Cámara de Diputados.

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Los códigos te los debo: María Eugenia Vidal avisó… es traidora de todas formas. Si su fuerza consigue primera minoría en Diputados irá por la presidencia del cuerpo. La jugada no sería ilegal pero contraviene tradiciones parlamentarias sostenidas desde la recuperación democrática.

Las oposiciones reconocen al oficialismo nacional las presidencias de las Cámaras del Congreso, cuyos titulares forman parte de la línea de eventual sucesión presidencial, en caso de acefalía o crisis.

Los futboleros llamarían “códigos” a la buena praxis que solo fue vulnerada en el año 2001 bajo la presidencia de Fernando de la Rúa. El peronista Eduardo Camaño fue elegido presidente de la Cámara de Diputados. Su compañero Ramón Puerta fue ungido titular de la Cámara Alta lo que lo ponía primero en la línea de sucesión ya que el vicepresidente Carlos Alvarez había renunciado tiempo atrás. El engendro no fue bueno, ni siquiera para Puerta que llegó nomás a la presidencia. Huyó rápidamente, renunció mandando un fax desde Uruguay. Tal vez lo sobrepasó el miedo que connotaba esas jornadas.

En todo caso, hay un solo precedente funesto en casi cuarenta años. El peronismo honró la regla durante la gestión de Macri que pudo contar con Emilio Monzó y Federico Pinedo al frente de las dos Cámaras. La misma Vidal se benefició con un acuerdo de convivencia semejante en Buenos Aires.

El amague actual tiene un tufillo destituyente, por no decir que apesta. Los cambiemitas, explica nuestro colega Werner Pertot en Página/12, se endurecen para evitar que se les escapen votos por derecha rumbo al “libertario” Javier Milei.


Un detalle no muy comentado del esquema político actual: casi no existen terceras fuerzas o candidatos auto percibidos como progresistas. Por sí mismos o por sus votantes. Este cronista adapta la expresión “auto percibirse” para no erigirse en árbitro de quién es o deja de ser progresista. Baste acá remitirnos a las autodefiniciones de protagonistas o de ciudadanos. Van ejemplos posibles (no únicos) de figuras que desempeñaron ese rol: Martín Sabbatella, Margarita Stolbizer, Carlos Heller, los socialistas porteños. Por motivos diversos se enrolaron en las coaliciones mayoritarias. La oferta progre, entonces, no puede motivar migraciones de votos. Quizá la única excepción sea el socialismo santafesino.

La derecha, pues, escuece a Vidal & compañía que incurre en una bravata de baja calidad institucional. Preocupante aunque no tiene por qué consumarse. Habrá que ver si JxC accede a la primera minoría, si consigue traccionar a terceros partidos para que lo apoyen o si estos privilegian la gobernabilidad. En una de esas, si se concretara la virtualidad, tal vez algunos diputados amarillos podrían recapacitar.

En cualquier caso, Vidal se saca el disfraz de paloma... toda una señal sobre la etapa.

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“Republicanismo” o dungadunga: Se podría añadir la maniobra de la Legislatura porteña para absorber juicios que corresponden a la competencia nacional. Un salvavidas inconstitucional para la famiglia Macri. Apenas lo mencionamos para concentrarnos en el reseñado trípode de macrismo explícito.

Basta que Cristina Fernández de Kirchner diga “republicanos de morondanga” para que estallen de ira medios, dirigentes opositores, líderes patronales. Contienen, en cambio, la indignación frente al comprobado espionaje ilegal contra personas de bien. El silencio acompaña la salvajada policial dispuesta por Rodríguez Larreta. La mala fe de Vidal pasa desapercibida en corrillos, quinchos o medios VIP.

El maniqueísmo encubre las vesanías de la derecha argentina que ni siquiera tiene la franqueza de asumir su identidad.

La victoria en las Primarias Abiertas (PASO) acrecentó su ambición tanto como su desparpajo. Los cambiemitas interpretan que la nueva campaña va bien, que el Frente de Todos (FdT) no repunta. Van por más. Con asiduidad por más de lo mismo: la flexibilización laboral vuelve a encabezar agendas.

El oficialismo tiene que remontar la derrota, emparejar o arrimar. Descontar votos para conservar legitimidad y posiciones en el Congreso. Carga con la responsabilidad de cambiar el escenario.

Ningún partido está terminado hasta la pitada final, ninguna elección hasta que se escrute el último voto.

Queda por delante un mes y medio, puede ser bastante si hay políticas públicas audaces, ejercicio del poder político, autocrítica, participación masiva y voluntad.

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