Bonistas esperarán hasta después de las elecciones para presionar al FMI por acuerdo

Política 31 de agosto de 2021 Por María Ruso
Se trata de los grandes fondos de inversión que aceptaron el canje de deuda soberana emitida bajo legislación internacional, operación que este mes ya cumplió un año.
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Por ahora se mantendrá la tregua. Y luego de las PASO del 12 de septiembre; se retomarán los movimientos de presión sobre el Fondo Monetario Internacional (FMI), para que en las negociaciones finales con la Argentina por un Facilidades Extendidas reloaded, se incluyan planes de metas monetarios, fiscales y macroeconómicos que le garanticen una mejora en la cotización de sus posiciones en deuda argentina. Así resolvieron actuar los grandes fondos de inversión que aceptaron el canje de deuda soberana emitida bajo legislación internacional, operación que este mes ya cumplió un año. Y que en general no les trajo muchas satisfacciones a los que ingresaron en la oferta y resolvieron mantener los títulos de deuda, a la espera de generar algún tipo de diferencia financiera que los saque de perdedores.
Hoy los nuevos títulos públicos tienen cotización similar al predefault, con mínimos de 17 y máximos de 25% de VPN; y con poco margen de maniobra en un mercado a la expectativa de lo que suceda en las elecciones locales y el futuro de la relación del país con los mercados financieros internacionales. Tiempo de espera tienen. Y capacidad de acción también.

Los grandes fondos siguen organizados, y siguiendo de cerca las novedades que surgen de la Argentina en las negociaciones con el Fondo y la posición de la coalición política ante lo que se acuerde. Hay entusiasmo en las novedades sobre la aceptación por parte del kirchnerismo duro de los términos generales de un Facilidades Extendidas, con 10 años de límite máximo avalado, una reducción de las tasas de interés y el comienzo de los pagos para el segundo semestre del 2026.

En general la novedad se toma como un paso positivo, pero el interés ahora va más allá y se mira el contenido de lo que el organismo y el país acuerden para el período 2022- 2025. La esperanza de los bonistas externos es que las cláusulas del Facilidades Extendidas sean lo suficientemente duras, como para obligar al Gobierno a atravesar un estrecho sendero de estabilidad monetaria, cambiaria y fiscal; hasta llegar al momento de comenzar a liquidar las cuotas con el FMI. ¿Por qué la importancia de los primeros cuatro años y medio del acuerdo? Se entiende entre los bonistas que si Argentina cumpliera esas metas, la cotización de la deuda reestructurada debería comenzar a recuperarse hasta llegar a niveles normales para el sistema financiero mundial y los mercados de títulos públicos soberanos internacionales. Y, llegado ese momento, analizar si conviene o no desprenderse de los papeles argentinos.

En su norte hay una misión doble. Por un lado los títulos públicos recibidos en el canje cerrado en agosto del año pasado, siguen cotizando más cerca de los niveles de default que de un portfolio interesando. Por el otro, ya están preocupados por un dato realista: quieren comenzar a tener certezas que podrán cobrar sus bonos desde enero de 2025, cuando debería empezar a liquidarse capital de los papeles que primero vencen y que fueron lanzados en el canje de deuda.

La preocupación es similar a la del organismo financiero, que en el acuerdo que se discuta con Argentina, una de las cuestiones a tratar es que el país tenga un plan lo suficientemente sólido como para que potencialmente cuente con los dólares que se le deberían liquidar al FMI en el 2026, primera etapa de pago de capitales e intereses en un Facilidades Extendidas a 10 años. Pero, a diferencia del Fondo donde los vencimientos pueden renegociarse y extender en el tiempo los pagos; en el mercado financiero voluntario internacional la deuda se debe liquidar. Y esto puede concretarse con reservas o con la emisión de nuevos títulos públicos lanzados en los mercados voluntarios de deuda, preferentemente en Wall Street. Para los bonistas es indiferente si el dinero sale de los dólares acumulados en el BCRA o de nueva emisión de pasivos. Lo importante es que el dinero esté, y que a partir de esa novedad los precios de los papeles se normalicen y coticen a una posición más compatible con títulos públicos de un país con calificación de emergente.

Para que esto se concrete, coinciden los bonistas internacionales, en semanas llegará el momento en que se deberá presionar sobre el FMI para que el organismo que maneja Kristalina Georgieva firme con la Argentina un acuerdo que garantice la solvencia fiscal, monetaria y contable lo suficientemente sólida para que los pagos estén asegurados. Se especula en que en pocas semanas volverán los comunicados conjuntos de los tres grupos de acreedores que representaron a los bonistas durante el proceso de negociaciones de la deuda, y que desde agosto volvieron a expresarse en no menos de tres oportunidades; quejándose de la letanía en las negociaciones con el FMI al ritmo del desplome de sus tenencias de bonos.

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